Bodas de oro, una ceremonia sencilla, para conmemorar los 50 años de matrimonio. Asistí... no sabiendo para que... quizás tenía la esperanza de ver en sus ojos la alegria o el cariño de hermano. Me siento a años luz de esa parte de mi familia. Pensé que sentiría algo de cariño.. algo .. pero un abrazo fuerte no logro transmitirme eso, mas bien incomodidad. No de mi parte sino de quien debería ser mas afectivo: mi hermano mayor. Y recordé todo lo que aprendí en mi estadía en ese hogar. Ahí conocí la frialdad, el desprecio, la soledad en compañía, la indiferencia. Le busqué justificación , tenía 7 hijos que criar, debe haber sido un desastre para ella admitirme en su hogar, quizá fue un balde de agua fría cuando se enteró que yo venía a estudiar y que llegaría a su casa, a su pura y casta casa ,aún cuando mis gastos no corrían por su cuenta sino que por el de mi padre.
Y se abrió la herida que llevaba guardada tanto tiempo. No odio, solo sentí el dolor punzante del pasado , nada más, no por ellos sino por su propia sangre, lo que no termina de impresionarme. Y sería esa la razón por la cual no tenía deseos de ir a la celebración. El subconciente es muy poderoso y te envía señales cuando hay un evento que amenaza tu estabilidad, eso era lo que sin querer sentí.
Por otro lado, pensé que una ceremonia así sería mas emotiva pero fue una chacota. Todos leían mal, estaban perdidos con los textos bíblicos, llegaron atrasados, y los votos salieron apenas por la risa nerviosa de los "novios", por momentos sentí que el sacerdote perdería la paciencia. Hasta que todo terminó bien. Y eso fue este día. Abrazos, saludos, buenas intenciones, etc. Un capítulo para recordar.